18 años sin Marco Aguayo
Es difícil imaginar los últimos años de la década de los 60, cuando lo conocí, sin celular, con pocos autos y menos humo en el ambiente. Adolescente, en plena dictadura, pero en ese tiempo nuestro mundo se ceñía a las bicicletas, los amigos del barrio y al colegio, el Monseñor Lasagna, donde cursábamos el famoso bachillerato.
Chiquito, flaquito, con mucho pelo en la cabeza, dando la impresión de ser un fosforo. Rodeado de sus amigos, del mismo tamaño todos, Dany Lird, Victor Cerquetti, Paulo Yugovich, haciendo fuerza por el estudio y travesuras propias de esa época; Inocentes, leves y veniales.
Era el jefe de la banda, con las ideas a flor de piel, el organizador de maldades benignas, para que otros las ejecuten, pero era el primero en festejar las ocurrencias con esa risa fácil, contagiosa, y a la hora del estudio, estaba entre los primeros.
En alguna ocasión le tocó visitar la Dirección o el patio, al ser echado por el padre Carlos Heyn, por una tomadura del pelo al mismo cura; quien había preguntado quién de nosotros vio el mar, siendo Marco el único que levantó la mano y decir que lo vio por TV. La risa fue general y las palabras del cura: Aguayo, de 11 a 11.30!. Esos eran los castigos!
Hasta ahora lo recuerdo con esas botas de goma que antes se llamaban de lluvia, ante cualquier nube opacando al sol; es que éramos respetuosos de los gustos de nuestros padres, y creo que eso no produjo daño sicológico en nosotros.
En medio de galletas del comedor de los curas, se hace el casting (se llamaba selección antes) para el coro del colegio. Los que éramos un poco mayores, no en años sino en físico, ya estábamos en la edad del pavo, con el gallito a cuestas, por lo que no pasamos esa prueba, siendo seleccionados Marco, Dani Lird, Victor Cerquetti, Paulo Yugovich Carlos Mosqueira y José Ruotti, empezando su contacto oficial con la música, una de sus pasiones juntamente con la Medicina, que le sirve de trampolín, mediante el finado Prof. Rodriguez, para formar parte del grupo Aguaviva.
Era hábil para los deportes, sobre todo en el lanzamiento de pomelos y futbol nocturno en Semana Santa en los colegios salesianos de Coronel Oviedo y Villarrica, juntamente con el Sr. Mandií Rodriguez, su tío, conductor oficial del bus (un línea 38) que transportaba a los estudiantes al retiro religioso en esos lugares.
Elegir medicina como profesión era obvia. La herencia paterna era evidente y participar con Mario Olmedo y yo en el cursillo de la Dra Garcia de Armoa en el año 73 nos unió más. Época de la película El Padrino, que se proyectaba en el cine Roma. Mario era El Padrino y Marco se convierte en Tom, el fiel abogado, siendo memorables los diálogos entre ambos.
Era chico de tamaño, pero de armas tomar. Bueno, de armas cortas, como la corta uñas que utilizábamos para cortar el cable del fluorescente de la casa de la Dra. García, en noches de juegos universitarios. Era un científico desde esa edad, pudiendo utilizar el método científico para el corte de cables en noches posteriores, cuando ya se había descubierto cual era el problema. Entonces cortaba un cable, a un metro cortaba el otro, así se perdía tiempo y se suspendía la clase.
Hasta que llegó ese día funesto del 13 de setiembre, hace 18 años. Pocos días después de su cumpleaños una afección congénita se lo lleva, no se adonde. Nos deja solos, sin su presencia, sin su risa, sin esa amistad que no requiere contacto constante.
En el mes de setiembre vino al mundo y un setiembre nos dejó. Dicen que una persona se convierte en leyenda si fallece en el mejor momento de su vida y hasta esa humorada creo que nos hizo Marco.
Lo extraño. No lo veía mucho pero cada encuentro era una broma tras otra. No sé donde estará, pero donde esté, a aquellos que lo molestan, seguro les dirá; Porque no se cuelgan de mis bo…! tan típico de él.
Este 13 de setiembre se cumplirá un año más del viaje sin retorno, de este paso fugaz por la tierra, pero no se ha ido del todo, habiendo donado sus órganos como ultimo legado, para gente necesitada. Por eso y por mucho más, aquellos que lo recordamos con cariño podemos estar felices de haber conocido un gran hombre y contado con un gran amigo.
Gustavo A. González

BUENA GUS!!!NOS HICISTE CONOCER UNA FACETA DEL DOCTOR Q NO CONOCIAMOS…
MUY BUENO…UN GRANDE EL DR.AGUAYO!!!
esos comentarios no se compran…x)
Espectacular Gustavo!
No puedo decir lo mismo que ADA, en el sentido del desconocimiento de una u otra faceta de la vida de Marco, por una razón simple: Dios quiso que formara parte de esa amistad tan sincera, tan auténtica como la que nos brindó él.
Tampoco puedo dejar de felicitarte, Gustavo, por permitirte refrescarnos algo nunca olvidado: las travesuras de Marco.
Desde Filadelfia, Chaco, un fuerte abrazo para el autor de “18 años sin Marco” (que aunque excelente, resultó muy corto por lo ameno) y para todos los ex-compañeros de la promo 73 del Monseñor.
Victor Cerquetti
PD: buenísima la ilustración de Nico.
haberlo tenido a Marco como amigo y compañero lo dice todo es como aquel que no tuvo abuelo o abuela no sabe lo que se pierde.Recuerdo su musica y sobretodo una de ellas que hasta ahora le identifico y canto con el a pesar de que no tengo voz Y SON AQUELLAS PEQUEÑAS COSAS …….. UNA FOTO VOY A LEVANTAR A FACEBOOK PARAQUE LA GENTE LO CONOZCA Y NOSOTROS LO RECUERDEMOS……..TOM
Muchas gracias Gustavo por recordar siempre a mi papa! no tengo el honor de conocer a ninguno de sus companeros de colegio pero veo que lo recuerdan de la misma forma que todos los que los conocieron: UNA GRAN PERSONA Y SOBRE TODO COMO UN GRAN AMIGO! saludos a todos y gracias por los lindos recuerdos!
Gus, me gustó mucho lo que escribís yo no me acuerdo de Marco Aguayo, supongo que también fue compañero de Carlos en el Monseñor, lindo que alguien te recuerde así después de tantos años.
cariños
BEA